Más de 100 años: Radiografía del "desarrollo" bananero
Más de un siglo de "desarrollo" bananero solo ha dejado pobreza, discriminación, explotación, destrucción y escasas oportunidades de superación para la población de la Zona Atlántica costarricense. El arrecife de coral de Cahuita y Puerto Viejo, en la costa atlántica de Costa Rica, una maravilla marina, ha muerto de sedimentación crónica. Los cacaotales, que fueron la vida de cientos de cosecheros y desarrollaron extensas zonas de la costa, murieron de una enfermedad sospechosa llamada "moniliásis'. Miles de trabajadores agrícolas quedaron esterilizados para siempre sin poder engendrar, debido al uso de un producto químico (el "nemagón") prohibido en Estados Unidos (1). Los sindicatos obreros más poderosos del país desaparecieron sin dejar rastro. Cientos de quebradas y riachuelos perecieron sin remedio y miles de hectáreas de bosque primario sucumbieron bajo el efecto de las plantaciones. Crecieron las cantinas, los prostíbulos, los bajos salarios. Este es el expediente clínico del desarrollo bananero de la Región Atlántica, después de más de 100 años de presencia de esa actividad en la zona. La expansión bananera La provincia de Limón tiene una extensión de 9.188 Km2. De esta superficie, se encuentran cultivadas de banano 52 mil hectáreas, área que equivale al 12,4% del total de la tierra cultivable de la provincia (2). Solamente las zonas protegidas por leyes de la República pudieron salvarse del efecto expansivo del cultivo del banano. Por muchos años, la plantación bananera mantuvo una convivencia de hecho con la producción cacaotera, actividad que estaba en manos de costarricenses y que constituía la única forma agrícola que podía considerarse como fuente secundaria de desarrollo económico en la zona. Bastó que el país "necesitara" de un mayor desarrollo de la actividad bananera para que la producción cacaotera comenzara a desestabilizarse. Efectivamente, debido a la generación de ingresos que proveía la producción bananera, el gobierno dio un amplio apoyo a la expansión del cultivo. Entre 1980 y 1995 el área producida prácticamente se duplicó. En 1990 habían 28.296 hectáreas en producción, y para 1995 el área total productiva era de 52.447 hectáreas. Esta expansión fue impulsada a través del "Plan de Fomento Bananero", promovido por la "Corporación Bananera Nacional" (CORBANA) (3). Así, el incremento de la actividad bananera de los ochentas y noventas acabó por imponerse definitivamente. Ya para 1992, los ingresos generados por la exportación de banano representaban el 61% del total de ingresos nacionales por concepto de exportaciones, mientras que el cacao no representaba absolutamente nada (4). En este período de expansión que se inició a mediados de la década de los ochenta, y que fue conocido como el "bum" bananero, se extendieron las plantaciones por todo el territorio de la provincia, exceptuando las zonas altas de Talamanca. Los créditos bancarios y las facilidades e incentivos estatales hicieron de la producción bananera prácticamente la única forma extensiva de producción agrícola. Todo para el banano Hasta la aparición de los programas de expansión bananera, muchos pequeños productores de actividades como cacao, plátano y yuca, entre otros, habían gozado de créditos bancarios y de ciertas facilidades para su desarrollo. Sin embargo, el fomento bananero desactivó todo el apoyo que se venía dando a estos productores y se dio prioridad a la producción de banano para la exportación. En las bóvedas del sistema bancario nacional se reunieron los mejores recursos financieros para destinarlos a la producción bananera, mientras que, de manera paralela, se fueron cerrando los conductos de recursos para otras actividades agrícolas. Entre los productores limonenses se ha llegado a sospechar, incluso, que la epidemia de monilia (moniliásis) que acabó en pocos años con la producción cacaotera de la Zona Atlántica fue desarrollada conscientemente por los intereses que navegan alrededor del banano (5). Llama la atención que el Estado costarricense no enfrentó el problema de la monilia del cacao del mismo modo en que lo silo hizo con los males epidémicos que han atacado los cultivos del café y del mismo banano -como por ejemplo la sigatoka-, o con los problemas de salud de la ganadería en la provincia de Guanacaste. En todos estos casos, el Estado siempre se ha mostrado muy tolerante y atento. Incluso, en algunos de ellos se declaró emergencia nacional, lo cual implicaba la inversión inmediata de importantes recursos económicos. El desánimo social La infraestructura portuaria en Limón, el principal puerto del país, se diseñó para atender todo lo relacionado con el banano. El ferrocarril, que constituía una alternativa de transporte segura, eficiente y barata, cedió paso -con sumisión- al sistema de furgones, que está en manos de las empresas bananeras. A través de este medio se transporta únicamente banano, y el pequeño productor está imposibilitado irremediablemente de transportar sus cosechas. Quienes en otro tiempo tenían la posibilidad de transportar sus productos en el ferrocarril no pudieron volver a hacerlo, lo que constituyó un inconveniente más en la ruina de los pequeños productores. Miles de estos pequeños productores sucumbieron también -junto con sus parcelas- a la expansión bananera (6). Imposibilitados de sacar adelante sus actividades, o "tentados" por las ofertas de los salarios bananeros, terminaron vendiendo sus tierras. En muchos casos en que se negaron a vender, la mancha en expansión de los bananales los cercó totalmente, sin que tuvieran posibilidad alguna de hacer algo para evitar ser "asfixiados" por las plantaciones, y finalmente emigraron, no se sabe dónde (7). La actividad bananera ha desanimado cualquier otra actividad agrícola, pero sobre todo ha desanimado y desconcertado el conglomerado humano que las rodea. Los trabajadores agrícolas se ven obligados a deambular como almas en pena por alguna de las 190 fincas existentes (8). Consiguen empleo por dos meses y veinticinco días aproximadamente, luego son despedidos, por lo cual no adquieren los derechos y garantías laborales, y las empresas bananeras bajan sus costos y aumentan sus ganancias. Así, los trabajadores son duendes que rondan todas las fincas bananeras, sin trabajo fijo, sin derecho a pensionarse, a vacaciones, a seguro. Una persona de treinta y cinco años ya no encuentra empleo en ninguna finca, mientras que muchos hombres y mujeres de quince años y menos se reclutan con facilidad. Por otra parte, en la mayoría de las fincas -para cerrar el círculo de penalidades humanas del bananal-, se han levantado listas negras de trabajadores que reclaman por sus derechos o porque han pertenecido a cualquier sindicato nacional. El medio ambiente La costa atlántica es una sentina de residuos químicos provenientes del bananal. Algunos ríos se han convertido en pequeños e insignificantes lloraderos de la tierra, porque los bosques se evaporaron con el crecimiento de los bananales. No es posible para ningún animal salvaje o silvestre vivir en los bananales. Lombrices, pájaros, ardillas y todo tipo de fauna desapareció de las zonas bananeras. Por otra parte, los químicos lanzados desde las avionetas acaban con las pequeñas y escasas plantaciones de yuca, guanábana, tomate y tubérculos en general. Nada escapa a esta voracidad destructiva (9). Los ríos y sus brazos, o lo que queda de ellos, recogen de las plantaciones bananeras todo el caudal de agua inservible, químicamente pura en el más estricto sentido contaminante, y las disemina a lo largo del litoral atlántico para dejarlas sin reservas en el mar (10). Esta es una, entre otras, de las razones por las cuales la actividad pesquera en esta zona ha dejado de existir: los viveros naturales mueren bajo el peso del sedimento químico expandido por los desechos de las plantaciones bananeras (11). La actividad bananera cerró definitivamente las fronteras alternativas de producción agrícola y de otras formas de desarrollo económico en la Zona Atlántica. Hoy día es más fácil obtener un crédito bancario para adquirir un automóvil de segunda, desechado en Miami, que para invertir en una plantación de yuca o de chile dulce. La voracidad bananera no ha encontrado tropiezos porque las transnacionales, en un particular asocio con el Estado, han desarrollado mecanismos de control comercial, de mercado, de incentivos y de transporte que impiden el nacimiento de otras formas productivas. 1. El banano es y ha sido el más importante consumidor de plaguicidas en el sector agropecuario nacional. "Estado de la Nación", 1997, página 159. 2. Álvarez M. Oscar. El pasado, el presente y la proyección futura de la economía en el litoral caribeño de Costa Rica. Tesis de Grado, 1999, página 39. 3. Rosendo, Pujol y Montero, Iván. Casos de Estudio de Impacto Ambiental. Taller de SINADES. 1997. INICEM. Costa Rica, datos e indicadores básicos. 1994, p. 17. 4. INICEM. Costa Rica, datos e indicadores básicos. 1994, p. 17. 5. La promulgación de la ley de tomento bananero hizo que se desatoro una atén enorme por extender el cultivo, con el fin de convertir al país en el primer exportador mundial de banano. En pos de eso causa, en varias regiones del país se cambiaron cultivos perennes por el banano, incluso se destruyeron bosques primarios y secundarios para la implantación del cultivo. Toles son los casos de Sarapiquí y Cariari. Pujol y Rosendo, Op Cit. 6. Los pequeños productores encontraron muy atractiva la propuesta de trabajar con las compañías bananeras, dejando de lado las actividades agrícolas que desempeñaban hasta ese momento. Este hecho significó que el 70% de los parceleros contratados por el IDA se trasladaran a las bananeras. Ibídem. 7. Vicariato Apostólico de Limón. Carta Pastoral, 1990. 8. Molina Álvarez, Op Cit, p. 39. 9. Gran parte de las regiones Atlántica y Pacífico Sur del país se convirtió en bananales. Entonces la gente pensaba que el bosque no valía nada y destruyó grandes extensiones de bosque. 10. Los efectos ambientales dañinos de los plaguicidas se han puesto en evidencia en vanas investigaciones realizadas en los últimos años. Muestras de agua y de fauna acuática tomadas en las fincas han revelado la existencia de importantes contenidos de plaguicidas. También se han encontrado restos de estas sustancias en aguas subterráneas yen el arrecife de coral de Cahuita. Todo esto se ha demostrado con las grandes cantidades de peces muertos que encontrados en ríos y estanques, como ocurrió en Tortuguero en 19880 en Molina a finales de 1990. En ciertos casos, los contenidos de agroquímicos han sido tan altos que han muerto cerdos por ingestión de aguas contaminadas. Pujol y Rosendo, Op Cit. 11. Es evidencia de esto la muerte masiva de peces en los canales de Tortuguero que fue denunciada en diciembre de 1990, la presencia de bolsas plásticas en Punta Uvita y Manzanillo, y la muerte de tortugas por ingestión de estas bolzas, que se usan en las plantaciones para proteger los racimos de banano. Ibídem. |
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