El Trabajo en las Zonas BananerasResumen del libro de Foro Emaús:
Banano para el mundo... y para Costa Rica ¿qué? En la Zona Atlántica hay muy pocas alternativas
de trabajo. Por esta razón, a la gente no le queda más
remedio que aceptar cualquier empleo. Una de las pocas opciones se da
en las plantaciones bananeras. Sin embargo, las compañías bananeras
tienen un gran poder, y ejercen un gran control económico, social
y mental sobre los trabajadores. Por esta razón, las condiciones
de trabajo, además de ser muy duras, se caracterizan por un constante
irrespeto de los derechos laborales de parte de las empresas.
Tras de cuernos, palos Los empleados de las bananeras trabajan en condiciones muy difíciles. Esto se debe a muchos hechos históricos, así como en el proceso de globalización y en la aplicación de las políticas neoliberales de los últimos gobiernos. Como la exportación de banano produce muchos dólares, el gobierno favorece a las grandes empresas y desconoce las denuncias y los reclamos de los trabajadores y de sus organizaciones. Así, en medio del irrespeto constante de los derechos laborales, el bananal se convierte en un verdadero estado de excepción, que funciona al margen de las leyes. Contratos de mentirillas El 70% de los trabajadores bananeros no tiene ninguna estabilidad laboral. Trabajan por menos de 90 días y deambulan de finca en finca. Como la ley le permite a las empresas probar a los trabajadores durante tres meses, estos obreros no adquieren derecho a vacaciones, aguinaldo, seguro y otros derechos que se logran con el contrato de trabajo tradicional. Muchas empresas usan «contratistas», que contratan sin responsabilidad de la compañía a grupos de obreros, a quienes no les reconoce los derechos laborales. Generalmente, el contratista no tiene dinero, o lo oculta para no responder por los derechos de los trabajadores o por las indemnizaciones de carácter social que, por ley, se dan en casos de enfermedad, accidentes de trabajo o terminación irregular de la relación laboral. En total, hay unos 47 mil obreros bananeros en todo el país. De ellos, 7 mil no poseen ningún tipo de contrato, y unos 30 mil son contratados por menos de tres meses para evitar que adquieran los derechos laborales, aunque luego son recontratados por períodos parecidos, pero solo si no reclamaron mucho por sus derechos. Esto significa que solo unos 10 mil son trabajadores estables o permanentes. Salarios que no crecen Desde hace diez años, los aumentos salariales en las plantaciones se han reducido a los mínimos de la ley, pero estos salarios valen para la jornada agrícola de ocho horas, que no se aplica en la plantación, donde a veces se trabaja hasta 14 horas al día. Por esta razón, los precios de los contratos y tareas quedan sin ajustarse en la proporción debida. Además, los «salarios mínimos» se han decretado como parte de la política neo-liberal de «salarios decrecientes», impulsada por este y por los otros gobiernos, con la justificación de controlar la inflación. Como el trabajo en los bananales es muy agotador y desgastante, la vida útil de un obrero bananero, es decir, la cantidad de años en que puede trabajar, no pasa de los 15 años. Además, a los mayores de 43 años no se les contrata. Por otra parte, las migraciones que se dan desde Nicaragua y Panamá favorecen los intereses de las empresas de bajar sus costos, porque la llegada de estos centroamericanos provoca un exceso de trabajadores que les permite contratar mano de obra barata, dócil y dispuesta a laborar en las peores condiciones. La ley de las compañías En las plantaciones bananeras no se respeta el derecho de sindicalización, que está establecido en la ley. Muchas veces, los trabajadores que intentan formar parte de un sindicato o que luchan para reclamar sus derechos son despedidos, y sus nombres se integran a listas negras que se pasan los empresarios, de manera que los obreros no vuelven a conseguir trabajo. Además, la libertad de organización está restringida, porque los patronos bananeros usan a una organización llamada Asociación Solidarista para controlar a los trabajadores, y a la cual obliga a afiliarse a los obreros. Todas estas cosas se dan a vista y paciencia de las autoridades del gobierno. Como parte de este control, los trabajadores son sometidos a un régimen de miedo: las empresas contratan guardias privados y colocan portones de seguridad en la entrada principal de las fincas, para controlar el paso de toda persona que transite por las plantaciones. Además, vigilan constantemente a los trabajadores que tratan con líderes sindicales y, cuando esas personas se afilian al sindicato, las empresas aplican otras medidas para atemorizarlos, hasta lograr que se desafilien, y si no lo logran entonces lo despiden. La persecución sindical que se da en los bananales es muy fácil de comprobar. Solo se necesita revisar los cientos de demandas que han presentado las diferentes organizaciones sindicales contra las empresas bananeras. Estas demandas han sido rechazadas por el Ministerio de Trabajo, a pesar de que se han presentado también abundantes pruebas sobre la forma en que actúan las empresas. Entre una gran cantidad de ejemplos de las cosas que ocurren en las plantaciones en relación con la violación del derecho de sindicalización, están los siguientes: En la empresa bananera Guapinol S.A. existe una demanda por persecución sindical desde 1995. A pesar de que hay una gran cantidad de declaraciones juradas, donde consta claramente la existencia de persecución sindical, el Ministro de Trabajo no se ha pronunciado al respecto. En la empresa Agroindustrial Pacuare SA. fueron despedidos 9 trabajadores por afiliarse al sindicato. Desde 1994 se presentó una demanda por persecución sindical, pero a julio deI 97 se encontraba todavía en proceso administrativo. El 24 de mayo de 1997, en la finca PAÍS S.A., se formó un sindicato por parte de 63 trabajadores. Quince días después, más de 20 de ellos recibieron una carta de despido, para hacerse efectiva a partir del día siguiente, lo cual viola la ley laboral, que obliga a los patronos a avisar un mes antes a los trabajadores que va a despedir. La persecución sindical se da cada día y en casi todos los lugares. Constantemente se dan rebajas salariales sin ninguna justificación ni explicación, así como hostigamiento a los trabajadores sindicalizados mediante su envío a trabajos más pesados, mal remunerados e insalubres, y mediante mal trato verbal. La inseguridad laboral La actividad bananera es básicamente manual. Los trabajadores realizan más de 300 labores distintas en la plantación. El trabajo se hace en forma intensiva, a gran velocidad y casi sin detenerse. Además, requiere de un gran esfuerzo físico y mental: se Iabora a campo abierto, en un clima tropical húmedo, y se alterna el calor de hasta 38 grados centígrados con lluvias torrenciales. El espacio físico de trabajo es, por lo general, una plantación de grandes extensiones. El ambiente está altamente contaminado con agroquímicos, debido especialmente a la fumigación aérea, que se aplica incluso cuando los trabajadores están en la plantación. Por otra parte, las condiciones de higiene y seguridad laboral son pésimas. Los trabajadores se accidentan frecuentemente durante el trabajo, sufren lumbagos, fracturas y golpes. Es común que se ocasionen heridas con las herramientas de trabajo y, además, padecen enfermedades alérgicas, pulmonares y cancerígenas, producidas por el contacto permanente con la plantación altamente contaminada con plaguicidas. Sobre esto es muy conocido el caso de más de 6 mil trabajadores bananeros que quedaron esterilizados por el contacto con un producto venenoso aplicado en las plantaciones. Otros efectos que se dan en el sistema reproductivo de las mujeres trabajadoras por el contacto con estos productos apenas se están investigando, y resultan desconocidos otros efectos cuyas muestras se dan hasta la tercera generación. |
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