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REVISTA FORO

       

El círculo del agua y las falsas promesas


Gerardo Vargas Varela
Secretario Ejecutivo,
Foro Emaús

La Región del Caribe todos los años tiene problemas de inundaciones; miles de personas sufren las consecuencias de las mismas. Nos toca ver el drama de las familias que pierden todos sus bienes de un momento a otro. Lo mismo sucede con la agricultura: campesinos y campesinas que pierden sus cosechas y hasta sus parcelas, porque los ríos se las llevan. Las indígenas y los indígenas no escapan a este drama. También las grandes empresas tienen millonarias pérdidas por estos fenómenos. La infraestructura pública sufre el impacto fuertemente. Según datos del periódico La Nación publicados el 10 de abril 2005, página 4A: “Los desastres naturales en Costa Rica, de 1994 al año 2003, dejaron a unas 61 000 personas damnificadas,79 muertes, 15.500 viviendas dañadas y 1.300 casas destruidas”.

Súmele a esto todos los daños en agricultura y los datos del enero del 2005, con las fuertes inundaciones en todo el Caribe de Costa Rica. Si nosotros hacemos un diagnostico más detallado del año 1991 momento del terremoto en Limón, hasta las inundaciones del enero del 2005, los números son muy altos.

Cuando se dan estos fenómenos escuchamos cifras de todos los tamaños que dan mención del valor general de las pérdidas. Las instituciones desarrollan campañas para atender a todos y todas los afectados. En el momento mismo del desastre podemos decir que hay una presencia de las instituciones oficiales, hasta se ha hecho ya normal una gira del Presidente para ver la magnitud de los daños.

Pero después de cierto tiempo: “(…) el Estado se olvidó de afectados por huracanes y terremotos”, La Nación, pagina 4 A, 10 de abril 2005. Se evalúa, se hacen diagnósticos, se hacen proyectos, y pasa el tiempo hasta la próxima inundación. A buen entendedor pocas palabras.
Lo que estamos diciendo es que las instituciones gubernamentales se han acostumbrado a un protocolo de estos fenómenos, levantan expectativas ante las comunidades y las familias afectadas, pero estas promesas nunca llegan a concretarse. No se pasa de poner parches en algunas situaciones más pequeñas, pero los verdaderos problemas que afectan a las comunidades no son encarados.

Por ejemplo:

1. Decimos que los ríos se desbordan, que hacen falta diques. Pero no analizamos las causas, como pueden ser la deforestación, la canalización que practican lasgrandes compañías nacionales y transnacionales.

2. Se habla del traslado de poblaciones que se inundan repetidamente. Pero no se trata solo de las casas, esas poblaciones tienen su historia, su cultura, su economía. No se hacen planteamientos integrales.

3. Se dice que es necesaria la construcción de diques. Pero no se hace un análisis del efecto de esos diques en otras partes de mismo río.

4. Seguimos promoviendo prácticas agrícolas que erosionan totalmente la tierra y que vendrán a empeorar la situación, como es el caso de las piñeras. Pero ante eso, el gobierno no hace nada; menos aún las instituciones responsables.

“El Estado se olvidó de las promesas que hizo a decenas de personas damnificadas durante grandes emergencias naturales. Aunque en todos los casos se declaró emergencia natural, no todas las viviendas dañadas se reconstruyeron, ni se terminaron todas las mejoras viales que se programaron, ni llegó toda la ayuda ofrecida a los agricultores”.
La Nación, página 4 A, 21
abril 2005
.

Esto ha llevado a que, por años, las comunidades vivan de promesas que nunca se cumplen. De expectativas que no llegan a concretarse. También hay una dependencia de las comunidades hacia las instituciones públicas. Porque esperamos a que lleguen las inundaciones para ver que vienen a repartir. No hemos creado la cultura de la organización.

Tenemos una actitud muy pasiva. La estructura organizativa de atención a estos fenómenos no permite la organización comunitaria, porque las Comisiones de Emergencia deben estar integradas por instituciones públicas. Pero tampoco nosotros nos hemos preocupado por crear organización comunitaria para estar listos ante cualquier situación imprevista. Un esquema podría ser: inundación –desastre-necesidad– promesas…

Y continua lo mismo…inundación-desastre-necesidad-promesas.

En medio de todo esto los medios de comunicación tienen un papel muy importante ya que utilizan el dolor de la gente para su propio provecho. Despliegan equipos completos en el momento del desastre, hacen campañas. Pero apenas sale nuevamente el sol, desaparecen. No hay continuidad ante lo que queda.No dan seguimiento a las promesas del Gobierno y
sus instituciones.

Este círculo de dolor ha traído que cada vez haya más pobreza, más desempleo, más explotación laboral, más migración en nuestra zona del Caribe. Y sobre todo, frustración y desesperanza en la población.

Lógicamente, nos van a preguntar: ustedes tienen propuestas?
pues sí: tenemos algunas ideas que compartimos:

1. Es necesario un estudio serio y responsable sobre las causas que generan todas estas catástrofes. Mirar nuestra realidad sin miedoy encontrar responsables y atacar las causas. Eso disminuiría los efectos. Hay un estudio muy serio, elaborado por el Colegio de Ingenieros y Arquitectos que, a nuestro modo de ver,debería tomarse muy en cuenta,tanto por el Gobierno como porlas comunidades.

2. El proceso de organización comunitaria para cortar la dependencia y la pasividad es algo que debe iniciarse pronto. La Comisión Nacional de Emergencia (CNE) puede desarrollar un programa de capacitación en las comunidades, de concientización y organización comunitaria.

3. Es muy importante que la CNE tenga una oficina permanente en el Caribe para dar seguimiento a todas las promesas de Gobierno y éstas no se queden en el papel

4. Junta Administrativa y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (JAPDEVA) debería ser una institución que desarrolle un trabajo de prevención de emergencia en el Caribe; no hay duda de que su pasividad durante los últimos Gobiernos afecta mucho a toda la región Caribe.

5. Las organizaciones populares deben ser fiscalizadoras de todos los programas que elaboran las instituciones oficiales después de cada desastre natural, para ver si se cumplen con las promesas hechas a las comunidades.

Es posible disminuir los impactos. Es posible descubrir las causas. Es posible trabajar con estudios serios. Es posible la organización comunitaria. Trabajemos por acciones propositivas,
buscando que nuestras comunidades sean protagonistas de su propio desarrollo. Porque ya sabemos que las promesas que nunca se cumplen seguirán llegando de los mismos de siempre. Es hora de un cambio. Que el círculo del agua nos haga pensar en un cambio en el círculo político.

 

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