Banano que envenena
por Marvin Amador y Yamileth Astorga



Foto: Piet den Blanken

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Desde hace mucho tiempo, las actividades que se desarrollan por parte de empresas nacionales y transnacionales para la producción a gran escala de banano destinado a la exportación -especialmente en la zona atlántica del país- han generado una seria problemática económica, social y ambiental. En el campo ambiental, entre otros graves desafíos a los ecosistemas naturales y humanos, se destaca el uso intensivo e indiscriminado de productos químicos tóxicos, fundamentalmente plaguicidas.

En general, dados los requerimientos del mercado y debido a los altos niveles de utilidad demandados por sus productores, el banano es un cultivo que necesita la aplicación de grandes cantidades de agro­químicos artificiales altamente tóxicos y que persisten en el ambiente. Por lo tanto, además de muchos otros problemas de orden ambiental, el cultivo del banano genera un gran impacto en la salud humana y en cl entorno natural, va que provoca contaminación de los suelos, de la atmósfera, de las aguas superficiales y suhterraneas y. consecuentemente, severos efectos agudos y crónicos en la salud de los trabajadores.

En Costa Rica, entre todas las actividades agrícolas, el cultivo del banano es el que utiliza mayo res cantidades de agroquímicos En promedio, en las plantaciones ba­naneras se aplican hasta 44 kg de sustancia activa por hectárea por año. En 1987, el cultivo de banano consumió el 35% de las importaciones de plaguicidas del país; el costo del combate de plagas equivale a un 35% del total de los cos­tos de producción comercial del banano (von Duszeln. 1988; Thrupp, 1988).

Tipos de productos químicos utilizados en la producción bananera

La mayoría de los productos químicos utilizados en las plan­taciones bananeras han sido cla­sificados como altamente tóxicos, de acuerdo con el cuadro de clasificación de toxicidad de la Organización Mundial para la Salud (OMS).

Entre los plaguicidas más utilizados en las plantaciones bananeras se destacan distintos nematicidas, como terbufós, etoprofós, fenamifós, oxamil, carbofurán y aldicarb. Estos nematicidas son organofosforados y carbamatos, dos grupos que causan fácilmente intoxicaciones agudas. La mayoría de estos nematicidas son de uso severamente restringido en países desarrollados debido a su alta toxicidad aguda. Los nematicidas son, además, altamente tóxicos para distintos tipos de fauna (organismos acuáticos, pájaros, reptiles, abejas, ganado, etc.).

Otro químico muy utilizado es el herbicida paraquat (gramoxone). Pese a que es considerado como moderadamente tóxico por la OMS, existen evidencias de que el paraquat es sumamente peligroso para la salud, tanto que fue incluido en la lista PIC (Principio de Consentimiento Previo), del Código de Conducta de la FAO.

Este químico es un producto que puede causar intoxicaciones, quemaduras, dermatitis y, posiblemente, lesiones pulmonares en los trabajadores expuestos. Además, es muy persistente en el suelo.

El manejo de plaguicidas en las plantaciones bananeras

Las compañías bananeras seleccio­nan los plaguicidas de acuerdo con las tolerancias vara residuos en la fruta en los paises compradores, y no según el grado de toxicidad humana o ambiental. Así, el paraquat, el aldicarb y otros de menor uso, como el carbofurán, el metomil y el metil-paratión, están incluidos en la lista PIC, además de que son parte de la Docena Sucia de la Red de Acción en Plaguicidas.

En general, en las fincas bana­neras no se completa un adecua­do control del transporte, almacenamiento, preparación de mezclas y aplicación de plaguicidas. Esos productos son aplicados por medio de aspersiones terrestres (en el caso de los nematicidas y herbicidas) y aéreas (en el caso de los fungicidas), y por medio dei embolsado de los racimos (cuando se trata de insecticidas) y en la empacadora (en el caso de fungicidas y desinfectantes).

En las plantaciones es muy normal la aplicación de plaguicidas sin equipo de control; durante el proceso de fumigación aérea no se evita la presencia de trabajadores en el campo, ni la de viviendas o cuerpos de agua.

Efectos de los plaguicidas en la salud humana y ambiental

La toxicidad de los plaguicidas utilizados en las actividades bana­neras se ha puesto en evidencia por los efectos sobre la salud de los trabajadores. Por ejemplo, han sido muy comunes los reportes de quemaduras y otras lesiones en piel y ojos por la aplicación del herbicida paraquat, así como de grandes mortandades de organismos acuáticos (peces) después de la fumigación y de una fuerte lluvia, debido al lavado de los plaguicidas desde el suelo y las plantas de banano.

Por estas razones, la fumigación aérea es considerada como uno de los peores problemas ambientales y de salud humana y ambiental generados por la actividad bananera.

En las empacadoras, las y los trabajadores sufren lesiones en la piel que son de difícil curación, causadas por el contacto continuo de la humedad en presencia de sustancias químicas tales como el sulfato de aluminio y el potasio (alumbre), así como el fungicida tiabendazol Qvlertect).

De acuerdo con el Departamento de Sustancias Tóxicas del Ministerio de Salud, un 58 % de los sis­temas de aplicación de las fincas presenta deficiencias de seguridad para los trabajadores y para el ambiente.

En el Valle de la Estrella, Abarca y Ruepert (1992) detecta­ron residuos de clorpirifós (utilizado en la bolsa plástica de pro­tección del racimo) y el clorotalonil (usado en el combate a la sigatoka negra) en aguas superficiales. Este último se encontró en una concentración de hasta 8 microgramos por litro, siendo crónica para los peces una concentración de 3 a 6.5 microgramos por litro. En la misma zona, en siete de nueve muestras de agua subterránea se detectó el clorotalonil hasta un máximo de 0.98 microgramos por litro. En siete de ocho muestras de sedimentos se detectaron clorotalonil, clorpirifós, terbufós y etoprop. Estos niveles sobrepasan drásticamente los limites permisibles de plaguicidas establecidos por la Unión Europea para el agua potable, que es de 0.1 microgramos por litro para pla­guicidas individuales y de 0.5 microgramos por litro para plaguicidas totales.

Según un diagnóstico realizado por el Ministerio de Salud en 1992, en ese entonces un 82% de las fincas bananeras no contaban con sistemas de tratamiento para los residuos líquidos contaminados con productos agroquímicos.

Banano: récord de toxicidad en Costa Rica

La incidencia de intoxicaciones laborales con plaguicidas en la provincia de Limón (la principal productora de banano para exportación) respecto al resto del país es de un 77%. La incidencia de intoxicaciones laborales en el cultivo de banano fue de 59.5% y 63.9% en 1995 y 1996, respectivamente, con respecto a los otros cultivos agrícolas en Costa Rica.

Las áreas de mayor producción bananera, que abarcan la Región Atlántica y el cantón de Sarapiquí, en la Región Huetar Norte, presentan, además, la mayor incidencia de intoxicaciones por plaguicidas en Costa Rica: 63 de cada 1000 trabajadores bananeros presentan problemas.

En el país, para 1990, el 75 y el 78% de los trabajadores intoxicados correspondían a trabajadores de campo en Limón y Guápiles, respectivamente. De esos porcentajes, el 25 y el 20% eran trabajadoras de las plantas empacadoras. El 17% de las denuncias correspondían a mujeres, incluidas mujeres embarazadas.

Debido a la alta incidencia en las intoxicaciones se ha determi­nado que las mujeres tienen más problemas en las plantas empacadoras (79 %), mientras que los hombres presentan más accidentes durante la aplicación de pla­guicidas (62%) (Vergara, 1991).

La tasa calculada de intoxicaciones laborales en la actividad bananera es de 6,4% de trabajadores agrícolas bananeros con denuncias por intoxicaciones con plaguicidas por año, cifra que representa más de un 100% de diferencia con respecto al 3% de intoxicaciones en los trabajadores agrícolas de los países en desarrollo (WHO/UNEP, 1990).

Con respecto a las intoxicaciones crónicas y efectos a largo plazo, el caso de mayor conocimiento y de gran alarma ha sido el de la esterilización de más de 20 mil trabajadores de las zonas bananeras de Costa Rica, expuestos al DBCP en los años setenta (Ramírez y Ramírez, 1980; Thrupp, 1991).

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